Las cicatrices que se producen tras el padecimiento del acné son el resultado de la reparación del proceso inflamatorio del folículo de la piel, que es el principal afectado en esta enfermedad, y de acuerdo con su aspecto, pueden clasificarse en:
· Cicatrices maculares superficiales. Se producen cuando se afecta sólo la capa más superficial de la piel y se manifiestan como pequeñas máculas o manchas de color rojizo en el primer año, que luego suelen pigmentarse, sobre todo en personas de piel morena y se tornan de aspecto más oscuro o marrón. Para su tratamiento suele ser suficiente la aplicación de ácido glicólico o retinoico, y a veces peelings superficiales, siempre bajo la supervisión de un especialista.
· Cicatrices dérmicas profundas, en las que la reparación no ha sido eficaz y se forman tractos en la piel con múltiples canales, semejantes a una madriguera. En estos casos es preciso un tratamiento quirúrgico de la cicatriz, muchas veces complicada, ya que suelen requerir varias técnicas, siendo a veces preciso, incluso la inserción de injertos de piel.
· Cicatrices con atrofia grasa. Son secundarias a acnés quísticos, donde el proceso de reparación ha afectado a las capas más profundas de la piel, formando depresiones, a veces importantes, que adoptan la forma de una especie de surco, como las marcas de unos esquís. No existe una sola técnica de tratamiento para este tipo de cicatrices (cirugía con elevación de la piel, mediante injertos, láser, etc) y hay que considerar que, en la mayoría de los casos sólo se consigue el cambio de una cicatriz por otra, de aspecto más aceptable. Ninguna técnica es mejor que la otra, cada una tiene sus indicaciones y con la combinación de todas, se consiguen los mejores resultados.
jueves, 10 de enero de 2008
Tratamiento para las cicatrices del acné
Etiquetas: Acné
Tratamiento para el acné
La forma clínica y la severidad de la enfermedad, las circunstancias sociales del paciente, la edad, el sexo y la vivencia de la enfermedad por parte del paciente, son factores a tener en cuenta antes de establecer una pauta terapéutica. La personalidad del médico es un factor que también influye a la hora de decidir un tratamiento.
En primer lugar, deben tenerse en cuenta unas normas básicas, como son:
· Explicar al paciente con claridad la naturaleza de la enfermedad. Es importante resaltar que cualquier tratamiento requiere un tiempo prolongado para actuar.
· Detectar los factores agravantes o predisponentes, y suprimirlos en la medida de lo posible.
· Prohibir la manipulación de las lesiones.
· Realizar una buena limpieza e higiene cutánea, que no debe ser excesiva.
· Evitar el uso de cosméticos (cremas, geles, lociones, maquillajes, etc.) en la medida de lo posible.
· Calmar la ansiedad del paciente, pues muchas veces es un factor agravante.
Una vez tomadas las consideraciones básicas, se elegirá un tratamiento y se establecerá una pauta para el mismo. Para el tratamiento del acné se dispone de diversos productos tópicos y medicaciones sistémicas y, en ocasiones, puede requerirse alguna modalidad quirúrgica terapéutica.
Tratamiento tópico del acné
· Peróxido de benzoilo. Es uno de los preparados más eficaces, que tiene acción desinfectante, y una acción comedolítica moderada. Se dice que es sebostático y antiinflamatorio. Su aplicación tópica puede producir eritema y descamación, y a veces irritación evidente.
· Antibióticos tópicos. Se utilizan por su capacidad frente a P. acnes. Además, tienen un efecto antiinflamatorio directo. Sin embargo, no actúan sobre la obstrucción del folículo ni sobre la excreción sebácea. Su aplicación apenas presenta efectos secundarios. Los más utilizados son clindamicina y eritromicina.
· Retinoides. Son derivados naturales o sintéticos de la vitamina A. Su principal acción es comedolítica, facilita la descamación de la queratina y evita la formación del tapón córneo. No tienen acción antibacteriana ni reducen la producción de sebo. En las primeras aplicaciones suelen producir eritema, descamación y tirantez de la piel. Estos síntomas se incrementan en climas secos, fríos y con la exposición solar. Por último, dado el efecto teratogénico de todos los retinoides, debe evitarse su utilización en mujeres embarazadas o en edad fértil con intención de concebir. Los más utilizados por vía tópica son ácido retinoico, isotretinoín y adapaleno.
Tratamiento sistemático del acné
El tratamiento sistémico del acné está indicado en las formas intensas, inflamatorias o severas. Los fármacos de que disponemos actualmente son los siguientes:
· Antibióticos orales. Ejercen su acción en las formas inflamatorias a través de sus propiedades bacteriostáticas o bactericidas sobre el P. acnes. También disminuyen la inflamación de los folículos, impiden la quimiotaxis de los neutrófilos y reducen la cantidad de ácidos grasos del sebo. Sin embargo, no evitan la excreción sebácea, ni alteran la composición del sebo. Se emplean las tetraciclinas, eritromicina y clindamicina.
· Retinoides. La introducción del isotretinoín para el acné en 1982 ha supuesto una revolución terapéutica en esta enfermedad. El isotretinoín es un retinoide derivado de la vitamina A. Su potencial terapéutico radica en la capacidad de reducir significativamente la excreción sebácea, la obstrucción del conducto y la inflamación. Es la única medicación potencialmente curativa del acné, y prácticamente el 100% de los acnés responden totalmente, o casi totalmente, con isotretinoín, aunque su indicación actual es en acnés severos y resistentes a tratamientos convencionales. Por su elevada toxicidad, efectos secundarios y riesgo de malformaciones fetales en las mujeres embarazadas, es un medicamento de prescripción única por el dermatólogo, quien debe realizar los estudios necesarios antes y durante el tratamiento.
· Tratamiento hormonal del acné. El objetivo es el bloqueo de la acción de los andrógenos a nivel periférico, es decir, en la sangre circulante. No es necesario que las pacientes tengan alteraciones hormonales detectables. El tratamiento se utilizará solamente en mujeres en edad fértil. El más utilizado es el acetato de ciproterona, que habitualmente se asocia a estrógenos (sobre todo etinilestradiol), con lo que ejerce un fenómeno aditivo beneficioso, pues inhibe la ovulación y la producción de andrógenos ováricos y progesterona, además de actuar como anticonceptivo.
Tratamiento quirúrgico
La mayoría de los procedimientos van encaminados al tratamiento de las cicatrices y lesiones residuales, o para ayudar a mejorar las lesiones activas del acné. Pueden emplearse, entre otros, la extracción de los puntos negros y blancos, y el drenaje y extirpación de las lesiones quísticas.
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Tipos de acné
Además del acné vulgar, existen otras modalidades que presentan algunas peculiaridades desde el punto de vista de sus manifestaciones clínicas o de sus mecanismos de producción. Entre ellos, están:
· Acné excoriado. Sucede fundamentalmente en las mujeres. Las pacientes pinzan su piel para tratar de eliminar mecánicamente incluso las lesiones más leves. De fondo hay un problema de personalidad o psicológico serio.
· Erupciones acneiformes por fármacos. Los más habituales son los corticoides orales y tópicos, los andrógenos y los antiepilépticos.
· Acné exógeno. Es un acné inducido por agentes externos como cosméticos, pomadas muy grasientas, aceites, alquitranes, hidrocarburos clorados, traumatismos prolongados y continuados, exposición solar.
· Acné infantil. Suele afectar a varones, y se puede iniciar hacia los 3 meses. Puede durar hasta 5 años o más. Las lesiones clínicas abarcan el espectro del acné, pero suelen ser más localizadas que en los adultos. Se dice que es el resultado de la estimulación por andrógenos maternos que atravesaron la placenta, pero no se sabe por qué dura tanto.
En ciertas ocasiones, se producen variantes especialmente en el acné, como son:
· Pioderma facial. Es un acné explosivo que hace erupción brusca, especialmente en la cara. Afecta sobre todo a mujeres adultas jóvenes, a veces tras un periodo de estrés.
· Acné conglobata. Es una forma muy severa de acné, típica de los varones. Se forman nódulos y quistes que se fusionan en trayectos fistulosos. También se asocian grandes comedones y cicatrización. Algunos casos son familiares.
· Acné fulminans. Cursa con acné conglobata ulcerante, acompañado de fiebre, dolores articulares y artritis, leucocitosis, pérdida de peso, y mal estado general. Se ha descrito como efecto secundario del tratamiento con isotretinoín
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Cómo se manifiesta el acné
El acné vulgar afecta fundamentalmente la cara (99%), la espalda (60%) y el pecho (15%). La seborrea es muy frecuente en estos pacientes. El acné es un trastorno polimorfo, en el que diversos tipos de lesiones pueden aparecer al mismo tiempo o sucesivamente.
1. Comedones (espinillas): Son lesiones no inflamatorias, más frecuentes en los pacientes más jóvenes. Pueden manifestarse como comedones abiertos o puntos negros y comedones cerrados o puntos blancos. El color negro de los puntos se debe a la melanina.
2. Lesiones inflamatorias(granos): Pueden surgir de las lesiones no inflamatorias o no. Las lesiones superficiales son pápulas eritematosas y pústulas de menos de 5mm. Las lesiones profundas son pústulas profundas o nódulos.
3. Otras lesiones son los nódulos, quistes y trayectos fistulosos. Revelan un acné severo y dificil de tratar.
4. Cicatrización. Pueden ser por exceso de colágeno (cicatrices hipertróficas y queloides), o bien por defecto del mismo (cicatrices puntiformes, cicatrices profundas y cicatrices blandas). Es también muy frecuente una pigmentación relativamente persistente, especialmente en sujetos más pigmentados.
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Factores que influyen en el acné
Pero hay otros factores que pueden influir en el empeoramiento o mejoría del acné. Entre otros, se encuentran:
1. Dieta: no hay evidencia de que el chocolate o la grasa de cerdo influyan en el acné. Sin embargo, un control de las comidas y la consiguiente pérdida de peso reduce la secreción sebácea y puede hacer mejorar el acné.
2. Brotes premenstruales: casi el 7% de las mujeres notan un brote 2 a 7 días antes de la menstruación. No parece deberse a cambios en la excreción sebácea durante el ciclo, sino a cambios premenstruales en la hidratación del canal pilosebáceo.
3. Sudoración: un 15 % de los pacientes notan que empeoran con el sudor, tal vez debido a la mayor hidratación del conducto pilosebáceo.
4. Radiación ultravioleta: se acepta que la luz natural mejora el acné, pero no hay evidencia científica de ello. La radiación artificial (cabinas de ultravioleta) parece ser menos eficaz.
5. Tensión emocional: no parece inducir al acné, pero la ansiedad conduce a la manipulación de los granos y espinillas, empeorando en consecuencia el aspecto. El acné induce, a su vez, a la ansiedad en los pacientes.
6. Trabajo: los cocineros tienen mayor hidratación del canal pilosebáceo, que puede inducir acné. Los que trabajan con aceite, hidrocarburos halogenados y otros químicos pueden padecer acné profesional.
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Por qué se produce el acné
Parece existir una cierta predisposición genética a padecer acné. Se estima que el 45% de los escolares con acné tenían padres que habían tenido acné. El acné es más frecuente en personas de raza blanca que en las de raza negra y en los japoneses, y su incidencia es muy baja en esquimales (que comen mucho pescado); sin embargo, la incidencia en esquimales aumenta cuando toman una dieta con grasas más saturadas.
Los factores implicados en la producción del acné son los siguientes:
1. Aumento de la producción de sebo
La actividad de la glándula sebácea es un prerrequisito para la producción del acné. Como grupo, los pacientes con acné segregan más sebo (producto de excreción de las glándulas sebáceas) que los pacientes sin acné, y la cantidad de sebo que se produce es correlativa a la severidad del acné.
Los estudios han demostrado que los niveles sanguíneos de la testosterona, hormona responsable de los caracteres sexuales masculinos, no están elevados en los varones con acné, aunque los estudios son más discutidos en las mujeres.La causa de esta producción excesiva de sebo puede estar relacionada con una mayor sensibilidad de los folículos pilosebáceos, formados por el folículo de pelo y la glándula sebácea, a la acción de los andrógenos, como la testosterona. De este modo, la acción de los andrógenos sobre la glándula sebácea, sería independiente de los niveles de estas hormonas en la sangre.
Se desconoce si la composición cualitativa del sebo puede tener algún papel en el mecanismo de desarrollo del acné. Se dice que los pacientes con acné tienen niveles más altos de escualeno y ésteres de cera. Tienen también niveles más bajos de ácidos grasos, así como presencia de ciertos ácidos grasos libres particulares.
2. Obstrucción del conducto pilosebáceo
Es la responsable de la formación de los comedones abiertos y cerrados, y probablemente sea el primer evento en la formación de la lesión de acné. Los comedones se producen como consecuencia del efecto directo de los andrógenos o como efecto de la irritación por los lípidos sebáceos conforme se mueven a través del conducto. El resultado es la producción de un tapón de queratina (tapón córneo) que impide el normal drenaje del sebo hacia la superficie de la piel, originando una retención del mismo dentro del canal pilosebáceo, que es el conducto por el que se excreta el sebo al exterior de la piel.
3. Infección bacteriana
El acné no es un proceso infeccioso, pero ciertos organismos que se aíslan de la piel pueden tener un papel importante, principalmente el Propionibacterium acnes (el bacilo del acné). La adolescencia y la seborrea se asocian a un aumento significativo de P. acnes, pero no hay relación entre el número de bacterias y la severidad del acné. Las causas por las que un comedón se convierte en una lesión inflamada pueden estar en relación con la infección bacteriana y, en especial, con el ambiente en el que se encuentra la bacteria respecto al pH, tensión de oxígeno y la producción de sustancias de carácter inflamatorio por parte de las propias bacterias.
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Qué es el acné
El acné es una enfermedad inflamatoria crónica de los folículos pilosebáceos, que se caracteriza por la formación de espinillas (comedones), granos (pápulas eritematosas), granos con pus (pústulas), nódulos, quistes y/o cicatrices.
El acné suele comenzar en la adolescencia y desaparece hacia los 25 años, aunque algunas personas continúan con acné hasta los 35 o más. Se desarrolla antes en las mujeres que en los hombres, en relación con una pubertad más precoz. El pico de máxima afectación es entre los 14 y 17 años en las mujeres, y entre 16 y 19 años en los varones. La incidencia es muy alta, y casi todos los adolescentes tienen o han tenido acné alguna vez en su vida.
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