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jueves, 10 de enero de 2008

Prevención y tratamiento para las quemaduras solares

Si el niño es menor de un año y se quema, hay que consultar al pediatra de inmediato. A otras edades, si presentara fiebre, náuseas o vómitos o si la quemadura es de segundo grado (presencia de ampollas), se deberá llevar al niño a consulta urgente con el pediatra o al Servicio de Urgencias del hospital más cercano.

En el caso de las quemaduras de primer grado, la aplicación de paños húmedos alivia la sensación de escozor. Hay que dar al niño agua y zumos para reponer las posibles pérdidas de líquidos. Se le puede administrar paracetamol si tuviera dolor.

Los remedios caseros tales como la aplicación de aceites, mantequilla, pasta de dientes o vaselina no están recomendados, ya que empeoran la evolución de la quemadura.

No se debe lavar la zona de la quemadura con jabones agresivos, como los que contienen alcoholes, yodo, fenoles, amonio, derivados mercuriales, benzocaína etc. No se deben aplicar cremas con antibióticos si no es por decisión médica, ya que pueden provocar sensibilizaciones.

Después de reducir la temperatura de la piel con los paños fríos, se pueden aplicar cremas con corticoides de potencia débil como hidrocortisona al 1%, siempre que la extensión de la quemadura no sea excesiva. Si la zona es pequeña, se puede cubrir la quemadura con un apósito estéril.

Prevención

Si tenemos en cuenta que, en términos generales, una persona recibe más del 50% del total de radiación solar a que se expondrá durante toda su vida antes de los 18 años de edad y que, debido al carácter acumulativo e irreversible de las lesiones, esta exposición es también la de peores consecuencias, es razonable considerar a los niños como población de riesgo.

De ello se concluye, también, que la protección solar durante la infancia resulta especialmente beneficiosa, pues será el sistema más eficaz para la prevención de las quemaduras solares que, posteriormente, causen envejecimiento cutáneo prematuro o incluso cáncer de piel.

Por ello, es importante desarrollar toda una cultura preventiva respecto al modo correcto de tomar el sol y acostumbrar a los niños a seguir las medidas preventivas adecuadas, haciendo especial hincapié en que los adolescentes sigan también estas medidas.

Proctección solar para evitar las quemaduras

Las quemaduras solares habitualmente son de primero o segundo grado. Las quemaduras de primer grado se caracterizan por la presencia (horas después de la exposición al sol) de enrojecimiento cutáneo, dolor con la presión y sensación de escozor. Las quemaduras de segundo grado se distinguen por la aparición de ampollas y dolor intenso.

Proctectores Solares

En el caso de los niños pequeños, la exposición excesiva al sol puede llegar a producir fiebre, escalofríos, deshidratación, náuseas, vómitos y cefaleas.
Protectores solares

El factor de protección solar indica el número de veces que el producto fotoprotector aumenta la capacidad de defensa natural de la piel; así, un factor de protección 15 indica que, tras aplicarlo, se puede permanecer expuesto al sol hasta 15 veces más que sin protección antes de que aparezca lesión.

Se debe utilizar un protector solar específico para los niños y no los productos de los adultos. Los protectores solares infantiles deben estar compuestos por filtros físicos; hay que evitar en lo posible los que contengan filtros químicos, pues producen con gran frecuencia alergia de contacto cuando se aplican sobre la piel.

El producto fotoprotector tiene que aplicarse sobre la piel seca media hora antes de la exposición al sol. Se ha de repetir la aplicación cada dos a tres horas o después del baño para compensar las posibles pérdidas por inmersión en el agua, la fricción con la arena, el roce con la ropa, el sudor, el secado con la toalla, etc. Sin embargo, no ha de asumirse que la aplicación repetida aumente la eficacia protectora.

El periodo de eficacia de los protectores solares depende del factor de protección del filtro solar y del fototipo de la piel del niño. Se debe utilizar un producto con un factor de protección de 20 como mínimo (30 si el niño tiene un fototipo más sensible), que ejerza su función de protección tanto frente a los UVB como los UVA y preferiblemente que sea resistente al agua.

Si la etiqueta del producto no muestra los términos waterproof o water-resistant, el protector solar pierde efectividad con el baño. Los primeros son los más persistentes y protegen incluso después de 80 minutos de inmersión, mientras que loswater-resistant aguantan sólo 40 minutos de inmersión, sin perder su efectividad.

El factor de protección solar permanece constante si el envase permanece cerrado. Una vez abierto y terminada la temporada de uso, disminuye la capacidad de protección del producto, por lo que será preciso utilizar uno nuevo en la temporada siguiente.

Ningún protector solar proporciona un 100% de eficacia protectora. Cualquiera de ellos permite que pase cierta cantidad de radiación.

Para la absorción adecuada de la vitamina D es suficiente con tomar el sol durante 10 minutos dos veces por semana, por lo que el uso de productos fotoprotectores no influye desfavorablemente en el desarrollo óseo del niño.

Quemaduras solares

Definición

La quemadura solar es la manifestación visible de la respuesta inflamatoria desencadenada por la excesiva exposición de la piel a los rayos ultravioleta (UV) solares.

El espectro solar está formado por tres tipos de radiaciones que interactúan con la piel: los rayos ultravioleta (5%), la luz visible (45%) y los rayos infrarrojos (50%). De los tres tipos de rayos ultravioleta (UVA, UVB y UVC), sólo llegan a la Tierra los UVA y UVB, ya que los UVC son interceptados por la capa de ozono. Los UVB se asocian con las quemaduras solares y son los responsables más directos del cáncer de piel. Alcanzan su mayor intensidad entre las 11 y las 16 horas y en el verano.

Los UVA son los responsables del bronceado sin enrojecimiento previo, pueden causar envejecimiento cutáneo prematuro y están implicados en las reacciones de fotosensibilidad producidas por fármacos. Su intensidad se mantiene estable todo el año y todo el día. Penetran en la piel más profundamente que los UVB. Además, se acumulan en la piel y potencian la acción de los UVB.
Ciertas características de la piel del niño hacen que sea más vulnerable a la acción del sol: la capa córnea es más fina, la producción de melanina no está suficientemente desarrollada y las defensas contra los radicales libres son menores.

El hecho de que una persona se queme o se broncee depende de varios factores, como el tipo de piel, la estación del año y la cantidad de irradiación ultravioleta que ha recibido previamente. Existen cinco fototipos cutáneos:



Tipo I (extremadamente sensible): siempre se quema, nunca se broncea.

Tipo II (muy sensible): se quema con facilidad, se broncea mínimamente.

Tipo III (sensible): se quema moderadamente, se broncea de forma gradual y no muy intensa.

Tipo IV (mínimamente sensible): es raro que se queme; se broncea bien e intensamente.

Tipo V (no sensible): no se quema nunca

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